
El zapato tenía tres ojos y tres dientes, pero le bastaba la lengua, una sola lengüeta de cuero, vieja y raída para devorar todos aquellos microcosmos hechos de suciedad y polvo que se formaban en el desolado paisaje terrestre del año 2523, luego de la Gran Última Guerra que siguió al Gran Último Cataclismo.
En un planeta lleno de muertos, aquel zapato desgastado y cubierto de polvo (Legado de uno de los últimos sobrevivientes, quien lo dejó caer en un momento de debilidad y desesperación) era el soberano absoluto, y el más imponente y maravilloso refugio para las escasas bacterias que se quedaron aferradas al desolado suelo terrestre.
En la tierra de los muertos, el zapato era el rey, y seguiría siéndolo, al menos hasta el tiempo en el cual, por alguna clase de azar misterioso el ciclo evolutivo empezase nuevamente…

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